lunes, 30 de agosto de 2010

Cuatro

-Sientes algo?- me dice tocándome la pierna
-No
-Y en esta parte?- baja su mano a los dedos del pie
-No
-Nada, de la cintura para abajo no tienes movilidad
-De verdad?, por eso necesito una silla de ruedas... ahora lo entiendo- le suelto en un tono irónico

El Fisioterapeuta deja de tocarme las piernas. Sigue sentado en su silla, al lado de mi cama, rellenando unos papeles. Yo aprovecho para tapar mis piernas con la sabana. Mi habitación esta iluminadísima. Desde que mi madre casi me arrancase los ojos el otro día, la habitación no volvió a ser la misma, todas las mañanas viene acompañando a Thayssa, mientras me sirven el almuerzo, ella se encarga personalmente de abrir las cortinas y dar paso al sol.

En mi cuarto estoy acompañada por el fisioterapeuta y por mi madre que se encuentra de pie en la puerta mirando para nosotros:
-Quiere algo de beber doctor?- le dice mi madre al fisioterapeuta
-Si me hace el favor de traer un poco de agua se lo agradecería
-Voy a avisar al servicio para que le traigan su vaso de agua y algo para picar- al terminar la frase, sale de la habitación cerrando la puerta.

Yo me acomodo en la cama, el fisioterapeuta sigue escribiendo en sus hojas, parece que está escribiendo la biblia. Estiro la mano hasta la mesita de noche y cojo mi vaso de agua, pego un trago y vuelvo a poner el vaso en la mesita.
-Y cuántos años tienes?- me dice el fisioterapeuta
-21- le contesto a la pregunta que me dejó algo desorientada

Tras la respuesta, el fisioterapeuta siguió apuntando en sus hojas, supongo que estará rellenando algo sobre mí y necesita saber mi edad.
-Tienes unos ojos preciosos- ahora sí que estoy perdida
-Esto también lo vas a apuntar en las hojas?- intento bromear

No contesta a mi pregunta, se pone a escribir nuevamente en sus hojas, me pregunto qué coño hace en mi cuarto, su trabajo ya está hecho.

-Porque te has tapado las piernas? Si son preciosas como tus ojos
-Oye para de hablar así que me estás dando miedo- decido cortarle el rollo antes de que me diga que mis pechos también son preciosos o a saber qué cosa
-Miedo? Por decirte que eres la mujer más guapa que he visto en mi vida

Ahora sí que tengo miedo, lo miro de arriba abajo, debe de tener unos 60 años, podría ser su nieta y además es feo: lleva gafas, tiene la cara llena de arrugas, está casi sin pelo, el poco que tiene es blanco. Lleva puesto una bata blanca que lo tapa hasta las piernas, tiene una chapa con su nombre: Germán
-Por que te las tapas con la sabana?- me quita la sabana de las piernas- Tienes que mostrarlas, no tienes nada que envidiarle a las modelos
-Lo sé, pero soy muy tímida, me gusta taparlas- intento acercarme a la sabana con la mano para taparme, pero el fisioterapeuta la alejo bastante para que no pudiera cogerla.

Pone sus manos en mis piernas, empieza tocándome los dedos de los pies y poco a poco sube. Cada poco que sube, me pongo más nerviosa, me siento indefensa, no puedo hacer nada. El viejo empieza a babear, debe de estar gozando, con la emoción se levanta y se sienta en la cama, en mi cama, sigue con su mano subiendo, ha llegado al camisón, pero no se detiene, sigue mas para arriba, intenta tocar algo sagrado para mí. De mis ojos empiezan caer lagrimas, me siendo débil... algo tengo que hacer, se me viene una idea a la cabeza, cojo el vaso de cristal de mi mesita de noche y lo rompo en su cabeza, los cristales le hacen un corte y el fisioterapeuta empieza a sangrar, sus manos de separan de mis piernas para situarse en su cabeza, en la herida. Al verme libre, toco el botón para avisar al servicio.

Alguien abre la puerta, aparece mi madre y detrás de ella Thayssa con la bandeja. Mi madre al ver la escena, no da crédito a lo que ve:
-Estás loca? Que has hecho- se acerca a mí y me abofetea, sin pedirme explicaciones

Pongo la mano en mi cara como un acto reflejo, tengo la cara caliente, me duele. Mi madre le pide a Thayssa que traiga unas gasas.
-Está usted bien?
-Si- contesta
-Ha intentada tocarme mamá
-Hija es su profesión, es FISIOTERAPEUTA- la voz de mi madre va elevándose cada vez mas
-Me intento tocar otra cosa que no eran las piernas
En ese momento mi madre queda callada, me mira con los ojos abiertos como platos, acto seguido mira al fisioterapeuta que está arrodillado en el suelo tocándose la cabeza y manchando de sangre las manos y las sabanas.
-Que intentaba hacer depravado?- mi madre empieza a pegarle finas patadas en la espalda
-Tranquila mamá, no consiguió tocarme, su cabeza estaba demasiado ensangrentada
-Váyase inmediatamente de mi casa y da gracias que no lo vamos a denunciar que en estos momentos no queremos escándalos en nuestra mansión- señala con el dedo la puerta de salida de mi cuarto

El fisioterapeuta se levanta como puede, creo que esta mareado, choca contra la silla de ruedas al levantarse, pone sus cosas en el maletín y se larga.

Quedamos a solas en mi habitación, mi madre no sabe lo que hacer, ni que decir, un escándalo mas es lo “ultimo” que necesita en este momento.
-Eres de lo que no hay- esa frase se refiere a mi?
-Quien yo?
-Si tú, acaso ves a alguien más aquí?
-Por que soy de lo que no hay?
-Por insinuarte a Señor Germán, eres una … una...-no le sale la palabra- una zorra
-Pero mamá? Que dices? Que...- no sé qué decir, me ha pillado por sorpresa, su actitud, su estupidez, sus ganas de ponerme la culpa por todo lo que pasa- No ves que intentó aprovecharse de mí, que culpa tengo yo?
-Tú nunca tienes la culpa, ese camisón es indecente, ahora mismo lo vas a quitar, te voy a dar yo uno, y ahora mismo voy a llamar a Claudio y a Tomás para que te ayuden a subir a la silla y así cambiar las sabanas de tu cama que están llenas de sangre
-No pienso sentarme en la silla
-Oh claro que lo vas a hacer
Su última frase me dejó con miedo, ella se ríe y sale de mi habitación. Yo me agarro a la cama, sé que va a volver... y con ayuda.
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-Cuanto tiempo!- Es lo primero que me sale de la boca al salir del aeropuerto

No me puedo creer que después de 4 años estudiando fuera, todo siga casi igual, normal es un aeropuerto, pocos cambios van a hacer. Cojo mi maleta y sigo caminando, nadie ha venido a mi llegada, por un lado es comprensible, nadie sabia que regresaba hoy, ni yo mismo sabia que regresaba hoy, esperaba tener que repetir los exámenes pero por suerte aprobé. Ahora vuelvo a casa, con mi familia.
Continuo caminando por el aeropuerto, por fin llegué a la salida, ahora tengo que encontrar un taxi. Miro hacía mi derecha y veo a un grupo de chinos en fila india y sacando fotos a todo lo que ven, yo siempre me he preguntado: Cuantos carretes tienen que comprar para tantas fotos? O en caso de las cámaras digitales, de cuanta memoria será su tarjeta?

Son preguntas tontas pero que siempre me hago, levanto la mano para hacer señal a algún taxi, pero nada, ninguno para, veo que se acerca uno:
-Taxi!!- grito

El taxi se detiene justo delante mía, el taxista baja y me coloca la maleta en el maletero, me subo al coche y le digo la dirección de mi casa.

El camino es largo, estoy sentado en el asiento del copiloto, el taxista tiene a todo volumen los 40 principales:
-Que tal el viaje- intenta ser amable
-Bien, algo cansado
-De donde ha venido?
-Estuve estudiando en Oxford
-Una de las mejores universidades del mundo
-Por no decir la mejor- intento chulearme un poquillo
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Mi madre entra por la puerta, seguidamente entran Claudio, Tomas y Thayssa.
-Claudio, Tomas, ayudad a mi hija a subir en la silla- les ordena mi madre
-Como usted diga- le dice Claudio, el hombre mas arrogante del mundo, es gordo, pelo castaño, ojos marrones, con barba, divorciado..., a mí siempre me calló mejor Tomas, algo mas delgadito, rubio y ojos marrones, muy simpático.
-No os acerquéis- les digo

Claudio se acerca a mi cama mientras Tomas acerca la silla de ruedas, Claudio intenta levantarme, pero le clave las uñas, este suelta un grito de dolor
-Os digo que de aquí no me movéis

Pero de nada sirve mis esfuerzos, Claudio ayudado por Tomas me levantan, uno agarrándome los brazos y otro las piernas, me colocan en la silla y me dejan allí mientras Thayssa cambia las sabanas de mi cama.

Yo no hablo, estoy presa del pánico, a mi mente vienen un montón de momentos del pasado, justo del día que me quedé así, esta vez no lloro, no soy capaz, agarro con las manos la silla y clavo mis uñas en ella, empiezo a mover con los brazos la silla de ruedas para conseguir tambalearme y caer... pongo todo mi peso al lado derecho y consigo que la silla vuelque... caigo al suelo, llevo un fuerte golpe en la cabeza, pero no me duele, tengo demasiada rabia como para notar un simple golpecito. Tomas se da la vuelta, al verme en el suelo le doy pena, intenta acercarse a mí para levantarme, pero mi madre se lo impide:
-Déjala en el suelo, es donde se merece estar- dice mi madre
-Os odio, ojalá os muráis- grito con toda la rabia posible, quiero que toda la casa me escuche, cada vez alzo más la voz para repetir una y otra vez lo mismo: os odio, os odio...

Thayssa termina de hacer la cama, Claudio me levanta esta vez solo, yo me dejo llevar ya no tengo demasiadas fuerzas, y me deja en la cama, al dejarme Claudio susurra:
-Ves, si no opones resistencia es mejor para los dos preciosa- ese preciosa me recordó al viejo de mi fisioterapéutico.

No contesté, cogí fuerzas y le lance un escupitajo en toda la cara. El sacó un pañuelo y se levanto, la habitación quedó en silencio, Thayssa y Tomas quedaron sorprendidos, mi madre se acercó a mí para propinarme otra bofetada.
-Malcriada

Con un gesto indica a Tomas y a Claudio que salgan de la habitación. Thayssa se queda con nosotras:
-Tina, ayuda a mi hija a cambiarse el camisón- le ordena mi madre
-No es Tina, es Thayssa, ya es hora de que te aprendas su nombre

Otro bofetón, esta vez en el otro lado de la cara.
-Piensas callarme con bofetones?
-Si es eso lo que necesitas lo tendré que hacer

Thayssa se acerca con el camisón que mi madre le ordenó, es un camisón de que va desde el cuello hasta los pies, de color negro muy oscuro y de lana:
-Estás loca? No pienso ponerme eso, voy a pasar mucho calor- le digo a mi madre
-Te lo vas a poner quieras o no
-No lo voy a hacer
-Teisa pónselo- le ordena mi madre

Thayssa está asustada, no sabe lo que hacer, no quiere hacerme daño:
-Señora...-le corto la palabra para ayudarla
-Madre si tienes ovarios, pónmelo tú

Mi madre se acerca, pero no para ponerme el camisón, si no para darme otro bofetón.
-No tienes ovarios??- le digo para picarla
-Thayssa lárgate de la habitación- por fin dijo su nombre

Thayssa abandona la habitación, mi madre va a su cuarto y coge un látigo, vuelve a la habitación y se acerca a mí:
-Vas a aprender lo que es bueno, yo no te he educado así
Mis ojos no se pueden creer lo que están viendo, lo que está a punto de pasarme, me va a azotar como si fuera una delincuente, un cualquiera, soy su hija, estos castigos físicos están prohibidos, no me lo puedo creer. Mi madre saca la funda del látigo y lo prepara...
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-Aquí es, son 140 euros- me dice el taxista
-Tomé, quédese con la vuelta- le doy un billete de 200 euros

Bajo del taxi y cojo la maleta, aquí está mi casa, timbro para que me abran el portal desde dentro, me piden mi nombre, se lo doy, no se pueden creer que esté aquí, el portal se abro, yo entro, miro a mi alrededor, todo sigue igual, el amplio jardín, la piscina, los coches, la casa, tan grande como siempre, la mansión de mi familia.

Entro por la puerta y ya vienen las sirvientas a ayudarme con la maleta, veo a Thayssa:
-Donde esta mi madre, quiero darle una sorpresa
-Señorito, ha regresado, sin avisar, propio en usted
-Lo sé, termine la carrera y quiero trabajar aquí, estaba harto de tanto ingles jaja

Mientras hablaba con Thayssa, escucho unos gritos, unos gritos de dolor de angustia... provienen del piso de arriba, yo sé muy bien a quien pertenecen esos gritos... miro hacía Thayssa y veo como ella baja la cabeza con un rostro triste.

No me despido de ella, salto las escaleras de dos en dos, voy a la habitación en donde se escuchan esos gritos, la veo, mi madre, con un látigo, no doy fe a lo que veo:
-Basta ya, estás loca?-me acerco a mi madre y detengo un latigazo que me da de lleno en la mano

Mi madre suelta el látigo, me queda mirando y me suelta un:
-Hijo que sorpresa...
-Lárgate de la habitación
-Como? No puedes echarme
-Madre lárgate de la habitación por las buenas... o...
-O qué?- le contesta ella con un tono de superioridad
-O te echo yo- le respondo

Mi madre sale de la habitación. Yo me acerco a mi hermana, está llorando, con el camisón roto, con sangre, las palabras sobran, me quito la chaqueta y los zapatos, me subo a la cama y me abrazo a ella, miro su espalda, está llena de marcas, igual que sus brazos y sus piernas, la beso en la frente y le digo:
-Tranquila ya estoy aquí

1 comentario:

  1. que cousaaaaaaaaaaaa!
    mira po medico q aproveitado ¬¬
    menos mal q cheja alex L)

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Nacer en la luz, Morir en la oscuridad