jueves, 2 de septiembre de 2010

Seis

-Buenas noches, llamo de la funeraria “Azucena”- me dice una voz femenina
-Buenas noches- le contesto
-Le llamamos para darle el pésame y para decirle que dentro de una hora el cuerpo de Don Bernardo Rodríguez llegará a su domicilio
-De acuerdo, aquí lo esperare- cuelgo el teléfono

No tengo humor, no tengo ganas de nada, coloco el teléfono en su sitio y me dirijo a la cocina, allí está la tarta de la madre de Hugo, aún no la he probado.
-¿No quieres probar un trozo? Es de chocolate- me dice la madre de Hugo que se encuentra a mis espaldas
-No gracias, no tengo mucho apetito
-Tienes que comer algo, vas a quedar en los huesos
-Bueno... corta un trocito

Los ojos de la madre de Hugo se iluminan de felicidad, supongo que en su casa estarán hartos de sus tartas... me corta un trozo grande de chocolate y me lo sirve en un plato, cojo el tenedor y llevo un trozo a la boca:
-Um, que rico esta señora Laura
-¿De verdad te gusta?
-Esta riquísima

-Timbran en la puerta-

-Voy a abrir yo- me dice la Señora Laura
-No, voy yo, tiene que ser Hugo
-Este hijo mío... salió como 20 minutos antes y aún no ha llegado
-No le gustará verme en esta situación
-Es posible, el te quiere mucho, desde que erais pequeños habéis estado siempre juntos, si tu sufres el también sufre

Me levanto de la mesa y me dirijo a la puerta principal, la abro:
-¡Por fin! ¿Dónde te habías metido?- le digo a Hugo
-Estaba tranquilizando a Ana... no sabes lo nerviosa que está, no sabía cómo enfrentarse a esta situación... no quería verte triste
-¿Ana? Dios, ¿dónde está?- le digo todo preocupado
-Está en el patío trasero de tu casa
No le dejo terminar la frase, me dirijo al patio trasero de mi casa mientras veo como Hugo entra por la puerta. Llego y no veo a Ana, solo está la vieja canasta con la que jugábamos al baloncesto cuando éramos pequeños... de pronto escucho un ruido, miro en la esquina de la casa y veo a Ana, arrodillada en el suelo, llorando. Me acerco a ella, le acaricio el pelo, no me salen las palabras, la persona con la que llevo 5 años de mi vida sufre por que sufro yo, la amo. Me arrodillo justo al lado de ella, la abrazo, ella abre sus manos y me abraza, estamos un rato callados, llorando, hasta que ella rompe el silencio:
-Era como un padre para mí- siento un fuerte pinchazo en el corazón
-¿Un padre para ti?
-Sí, te acuerdas cuando en verano jugábamos a la canasta tu, yo, él y Hugo?
-Si me acuerdo... que viejos tiempos...
-¿Que tendríamos? ¿7 años?
-Si...- miro a la canasta, ahora esta oxidada, casi sin red... al verla me traen viejos recuerdos, parece que lo estoy viendo ahora mismo: Yo, Ana, mi padre y Hugo, los cuatro pasándonos el balón e intentando encestar... ¡Qué viejos tiempos!
-¿Por qué Dios es tan cabrón? ¿Por qué se lleva a los mejores?- me pregunta Ana
-No lo sé, supongo que para el esto es un juego
-Pues que se compre un Scalextric!

Su pequeña broma me suelta una sonrisa, la sigo abrazando, la beso en los labios... me encanta su sabor de labios, es difícil de describir:
-Gracias por estar aquí- le digo a Ana
-No tienes que dármelas, tu padre se merece que esté todo el pueblo aquí ayudándolo, el nos ayudo mucho a todos, ejercía de Abogado solidario del pueblo, si no teníamos dinero dejaba que le pagásemos mas tarde...
-Ese era mi padre- esbozo una sonrisa de felicidad

Ana se levanta y me coge del brazo:
-Vamos a la casa, tenemos mucho que preparar- se limpia las lagrimas

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-Debe de tomar reposo- me dice el medico
-Si estoy bien, usted mismo me ha dicho que ha sido una bajada de tensión
-Pero debe de tomar reposo- me vuelve a decir el medico
-¿Como pretende usted que tome reposo si mi marido acaba de morir?

El médico se queda callado, sabe que tengo la razón.
-Con su permiso me voy a ver a mi marido- le aparto para poder bajar de la camilla
Me pongo de pie, ya estoy mejor, no siento mareos ni nada, mis piernas vuelven a funcionar con normalidad. Me dirijo a la puerta principal del hospital y me encuentra con mi primo:
-Cuanto tiempo- dos besos
-¿Como estas?- me dice el
-Bien... ¿cómo te has enterado?
-Me lo dijo la señora Laura... he venido al hospital para llevarte en coche a casa
-Ahora no voy a casa... voy a ver a mi marido
-Entonces te llevo
-Gracias, no me apetecía mucho caminar
-¿A qué esperas para subir al coche?- esboza una sonrisa

Mi primo me agarra del brazo y vamos caminando al coche, me abre la puerta amablemente y entro en el asiento de copiloto, mi primo se sienta y arranca el coche, unos minutos después llegamos a la funeraria. Odio dar el visto bueno a los cadáveres. Bajamos del coche y entramos, todo está lleno de ataúdes, las paredes pintadas con colores apagados, los empleados vestidos de negro...
-Buenos días, ¿en qué podemos ayudarles?- nos dice una recepcionista
-Buenos días, me han llamado para ver el cuerpo de mi marido
-¿Es usted la señora de Bernardo Rodríguez?
-Si soy yo
-Ahora mismo hemos llamado a su casa para comunicarle que en una hora le llevamos el cadáver, pero gracias por venir, así podemos enseñárselo aquí como lo hemos dejado, porque nuestra funeraria es una de las mejores...-le corto la palabra
-¿Me lo puedes enseñar?

La recepcionista está algo mosqueada por haberle cortado la palabra, pero me da igual, me lleva a una habitación en la que solo puedo entrar yo, mi primo quedó en la entrada. Al abrir la puerta veo un ataúd, dentro se encuentra mi marido:
-Os dejo solos- la recepcionista cierra la puerta

Me acerco al ataúd, dentro esta el hombre con el que me case, el hombre que más he amado en mi vida, el hombre que me dio un hijo... el hombre que me hizo sentir mujer.
-Cariño...-empiezo a derramar lágrimas como una tonta

Me acerco al cadáver, veo a Bernardo todo elegante; Lleva el traje de la boda, lo han maquillado perfectamente, tiene una rosa en el bolsillo de la chaqueta...
Me inclino y lo beso en los labios, nuestro último beso... mi último beso.
Sus labios están fríos, pero no mucho, saco de mi bolsillo un pañuelo, el pañuelo de seda de nuestra boda, se lo pongo en su bolsillo:
-Como lo hemos prometido- le digo, sé que no me escucha, pero no me doy sin hablarle.

Sigo mirando el cuerpo, con los ojos llenos de lágrimas, el ataúd es de madera de primera calidad, me gusta esta funeraria. Aparto la vista un momento para mirar la hora, ya estarán a punto de llevárselo para la casa, vuelvo a mirar el cadáver y me parece ver que está moviendo un dedo, ¿cómo puede ser? Me abalanzo sobre el cadáver:
-Bernardo ¡cariño! ¡Estás vivo! Ya lo sabía- empiezo a tocar el cadáver, moviéndolo para que se despierte.

Mis gritos no pasan desapercibidos, la recepcionista entra y se queda alucinando:
-¿Qué haces señora?
-Está vivo, he visto como ha movido un dedo- le digo gritando, parezco una loca
-Voy a llamar a seguridad

Yo sigo intentando reanimar a mi marido, dos tíos fuertes entran, me cogen, me apartan de mi marido:
-¿Que hacéis? ¡Que está vivo! Lo vais a enterrar vivo

Me llevan a la entrada, allí empiezo a gritar como una loca, mi primo se acerca a mí y me abraza, intenta tranquilizarme:
-Tranquila Carmen
-Que está vivo... te lo juro
-Shh- intenta hacerme callar- ya sabes que eso es imposible, fue objeto de tu imaginación, eso ocurre
-Pero...-creo que tiene razón, me callo, me pongo a llorar como una idiota por hacer el mayor escándalo de mi vida.

La recepcionista se acerca a nosotros, tiene en su mano una bandeja con una tila:
-Toma señora, esto nos ocurre muy a menudo
-Gracias, perdone por lo ocurrido- le hago un gesto a mi primo para irnos
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-Mama... te dije que no hicieras tartas
-Cariño, tú sabes que tengo que hacerlas, además le ha gustado, me ha dicho que fue la mejor tarta de chocolate que ha probado en la vida
-Qué remedio... si no te lo dices eres capaz de tirársela a la cara
-No exageres
-¿Recuerdas lo que le hiciste al Tío Tom?
-Eso... no tiene que ver
-¡Como que no! Le tiraste la tarta a la cara en su cumpleaños y solo por decirte que cumplía 46 no 64
-¿Sabes lo que me costó escribir los números con la nata? Un pequeño fallo lo tiene cualquiera...
-Pequeño fallo... ya...

Entran por la puerta Ian y Ana. Veo que los dos tienen los ojos llorosos, me acerco a ellos:
-¿Que tal estáis?
-Bien- me dice Ana
-Yo me voy al salón a recoger unas cosas- me dice Ian
-Yo te acompaño cariño- le dice Ana

Ana se acerca a Ian, lo coge y empiezan a enrollarse. Al verlo me siento inmune, no puedo hacer nada, son novios... pero yo quería ese beso, quería estar en su situación... rabia, rabia y más rabia, siento unas ganas enormes de pegarle una paliza. Aprieto los puños con la rabia.
-Hijo, vente un momento-me dice mi madre colocándome la mano en el hombro

Me voy con ella a la cocina:
-¿Que quieres madre?
-Que cojones te pasa- dice mi madre alzando la voz
-¿Por qué dices eso?- le pregunto confuso
-Soy tu madre, te conozco de toda la vida, tú no me engañas hijo
-No sé de que hablas madre
-Estas enamorado de Ana- me suelta esta frase, no sé que responder, no soy capaz de mentirle a mi madre, me empiezan a temblar las piernas, los labios... no soy capaz de hablar... si mi madre lo sabe… Ian quizás también.
-Que dices, estás loca- digo finalmente de una forma muy poco convincente
-Te he visto en el pasillo lleno de celos, de rabia, menos mal que Ian no se fijo...
-Madre yo no...- no sé como terminar la frase
-Tú no te metas hijo, Ian está pasando un mal momento, no le jodas más la vida
-Lo sé...- me voy al baño y me encierro llorando como un tonto.

Mi madre tiene razón, no le debo de joder mas la vida a Ian, el me ayudó en muchas ocasiones.
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-Ya está todo recogido- le digo con satisfacción a Ana
-Si cariño, ya está todo listo- me besa en los labios
-Ahora solo queda esperar a que lleguen

Timbran en la puerta, me acerco a abrirla, es mi madre que está llorando, entra con su primo.
-Mamá- me abrazo a ella
-Hijo-me dice

Nos abrazamos.

-Vuelven a timbrar en la puerta- Mi madre abre, son los de la funeraria, traen el cadáver de mi padre. Lo colocan en el salón, todo está preparado para el velatorio.
Las horas siguientes las paso sentando al lado del cuerpo de mi padre, yo y mi madre, agarrados de la mano, mirándolo. Todo el pueblo ya se ha enterado de la noticia, cada vez entra más gente en casa para darnos el pésame. Los ramos de flores empiezan a llegar...

Cuando me doy de cuenta ya es la hora de enterrar el cadáver, el tiempo ha pasado volando, ¿quién me iba a decir a mí, que el último día con mi padre iba a ser así?
La gente sale de la casa para dejar paso a la funeraria que se lleva el cadáver en el coche. Nosotros vamos detrás del coche a un paso lento, la gente de pueblo va detrás de nosotros con ramos de flores, Ana está al lado mía, agarrándome como nunca.

Llegamos a la iglesia, el cura empieza a dar la misa, el momento de la unión eterna entre dios y mi padre está llegando. El último paso es el cementerio, allí ya es todo distinto.
Solo unas pocas personas estamos en el cementerio, los más allegados. El enterrador ha abierto el nicho, el cura dice sus últimas palabras, mi madre se arrodilla y besa el ataúd, yo la agarro para que no se caiga, Hugo me ayuda a agarrarla. Mi madre se levanta y se agarra a mí, mientras el enterrador pone el ataúd en el nicho. Todas las personas allí presentes están mirando nuestra reacción. Mis ojos no paran de llorar, los de mi madre tampoco. El nicho se está cerrando:
-Adiós papá

Todo se terminó, mi madre me abraza, la señora Laura viene a darnos el pésame, acto seguido la gente cercana como mis tíos, primos... vienen a abrazarnos, a llorar con nosotros, a compartir nuestro dolor:
-Era una buena persona, tienes que estar orgulloso de él- me dice una señora.

Miro a todas las personas que se encuentran con nosotros y a lo lejos veo a una muy sospechosa, no le veo la cara, está lejos, va toda vestida de negro y ocultando su rostro con un velo, por su silueta es una mujer ¿quien será? Me acerco a ella pero está huye.
-Detente- le grito

Pero es demasiado tarde, cuando me doy cuenta ya le había perdido de vista.
-Vamos para casa hijo- me dice mi madre dejándome con la duda de quien era esa mujer.
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Me despierto, me encuentro algo aturdido, con dolor de cabeza, los ojos aún no los he abierto de todo, no soy capaz, ¿qué me está pasando? Llevo mis manos a la cabeza para intentar parar el dolor, no me he fijado en que estoy muy cómodo. Intento levantarme pero algo me lo impide, estoy encerrado en algún sitio, pongo mis manos al aire y veo que hay una especie de tabla o algo, empiezo a tocar todo... estoy encerrado en algo:
-Si esto es una broma de mal gusto, que termine ya- grito

No obtengo respuesta, ¿qué demonios está pasando? Me estoy preocupando, todo está oscuro, mis peores temores se están confirmando, creo que sé donde estoy pero es imposible. La única solución para saberlo es mirar en mi bolsillo, llevo mi mano al bolsillo con la esperanza de no encontrar nada... pero mis peores temores se confirman. Saco de mi bolsillo el pañuelo que le di a mi esposa, le pedí que me enterraran con él como símbolo de nuestro amor. Empiezo a llorar, a patalear, quiero que me saquen de aquí. Quizás alguien me escuche. Grito y grito, no obtengo respuesta, me empieza a faltar el aire...
Mi corazón se acelera, estoy sudando... empiezo a temblar... y sin poder evitarlo... mis ojos se cierran para siempre.

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Nacer en la luz, Morir en la oscuridad