lunes, 6 de septiembre de 2010

Siete

-Terminé- dije satisfecha

Cierro el grifo, cojo una toalla y me seco la cara, por fin terminé de desmaquillarme. Hoy ha sido un día muy ajetreado, el entierro de Bernardo me ocupo todo el día, dichoso viejo, ¿no podría morir otro día?
-¿Que tal el entierro?- aparece mi madre por la puerta del baño
-Bien, lo típico: flores, gente llorando y el muerto
-Los entierros me aburren, cuando murió tu padre solo asistí por culpa de mi suegra, que si fuera por mí, estaba enterrado en el jardín
Me quedé callada, sabía que mi madre era así, no podía decirle nada porque si no tendría consecuencias. La miro, esta maquillada y lleva ropa de salir:

-¿A dónde vas?- le pregunto toda intrigada
-Voy a visitar a Enrique, el pobre me llamo llorando diciendo que no podía vivir sin mi
-¿A Enrique?- le digo sorprendida-¿No estabas saliendo con Fernando?
-Si, estamos saliendo, pero de vez en cuando me apetece una canita al aire
-Pero si Fernando puso su casa a tu nombre, ¿cómo le haces esto?
-Ana- dice mi madre con un tono de voz firme- ¿yo te digo algo cuando te follas al mejor amigo de tu novio? ¿Te dije algo cuando te pagué el aborto para que Ian no se enterase?

No abrí la boca, mi madre tenía razón.
-No, no dijiste nada
-Entonces no me restriegues nada- sale del baño y se acerca a la puerta de salida- Aunque te pese yo soy tu madre y eres igualita que yo.

Su última frase me dejo pensativa, me mire al espejo, vi mi rostro, el rostro de una chica que se desvió de su camino, el rostro de una chica marcada por el dolor, por la humillación y por la venganza.

Salí del baño, no quería verme en el espejo. Me dirigí al cuarto de mi madre, en la mesita de noche había una foto, la cogí. En la foto aparecía una niña pequeña vestida de hada encima de un pony, la niña tiene una hermosa melena rubia, unos ojos verdes esmeralda… pero lo que más destaca de la foto es la sonrisa de esa niña, esa niña que no tenía preocupaciones, que lo único que le importaba eran sus padres y sus juguetes…

Pongo la foto en la mesita, me doy la vuelta y me miro en el espejo del armario. La niña ha crecido, ya no juega con juguetes, ya no sube en ponys, no se viste de hada, su padre ya no está… ¿Qué queda de la niña de la foto? ¿Sus ojos color esmeralda? ¿Su melena rubia? ¿Su sonrisa?... No, su sonrisa no… es lo único que echo de menos de aquella niña pequeña que lamentablemente ha crecido.
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-Tenemos que recoger todo- dice mi madre nada más entrar por la puerta
-Ya lo haremos mañana, ahora tenemos que dormir- le digo
-No tengo sueño, me apetece recoger ahora, así mantengo mi cabeza despejada, si estoy en la cama no haré más que dar vueltas
-Si quieres duermo hoy contigo- mi madre me mira fijamente
-Desde que tenias 3 años no volviste a dormir conmigo
-Algún día tendré que volver no?- esbozo una sonrisa
-Vale, pero solo hoy- dice mi madre intentando esconder su alegría
Sube las escaleras dejándome en el pasillo, sin saber qué hacer. Todo está en silencio, miro un momento al salón y en el suelo hay pétalos de las coronas del velatorio de mi padre.
-Va a ser muy doloroso para mi madre limpiar todo esto- susurro en voz baja- Alguien tendrá que hacerlo por ella.

Cojo la escoba y el polvero, me paso medianoche en vela, pero merece la pena, tengo que evitar cualquier tipo de sufrimiento para mi madre. Arrastro los sofás para su sitio, la mesa, la televisión. El salón vuelve a ser el mismo. Tiro a la basura el polvo recogido, vuelvo al salón y abro la ventana para airear todo un poco. Son las 2 de la maña, al abrir la ventana puedo ver a Hugo sentado a unos metros mirando al cielo. ¿Qué hace Hugo a estas horas ahí? Tengo que saberlo…

Cierro silenciosamente la puerta de salida para no despertar a mi madre. Llego al lado de Hugo:
-Buenas- lo asusto
-No te había oído llegar- dice mientras intenta recuperarse del susto
-¿Qué haces aquí?
-Mirando las estrellas
-Las estas contando como hacíamos de pequeños?
-No, solo las estoy mirando- gira su cabeza y me fijo en que tiene los ojos llorosos
-¿Llevas mucho tiempo aquí?
-Unas cuantas horas, quería ir a la colina como cuando éramos niños, pero estaba muy oscuro
-La próxima vez me llamas y te acompaño
-No quería molestar
-Eres un amigo, los amigos nunca molestan- noto una extraña reacción en su cara, un extraño silencio perdura durante unos minutos hasta que el dice:

-¿Me consideras importante en tu vida?
-¿Cómo? Claro que sí, ¿a qué viene esta pregunta?
-¿Si te hiciera algo malo, que pasaría?
-¿Algo malo? Tu nunca me harías algo malo, somos amigos desde la infancia, crecimos juntos, para mí eres un hermano
-Ya… yo también lo creía
-¿Qué creías? ¿Qué ha pasado? Me estas preocupando… ¿estas bien?
-Si- su voz se pone temblorosa- el asunto del entierro me ha hecho pensar en cosas, has estado muy mal y no mereces sufrir más
-Tranquilo no volveré a sufrir
-Lo sé y yo haré que no vuelvas a sufrir- se levanta y se va sin decir nada.

Regreso a mi casa, tengo la conversación de Hugo grabada en mi mente, no entiendo nada de lo que ha pasado, quizás se ha enamorado de alguna chica y quiera consejos, o tiene un amor no correspondido… Pero que digo, si Hugo no se enamora, es inmune a las flechas de Cupido.
Subo las escaleras, voy a la habitación de mis padres, abro la puerta silenciosamente, mi madre está durmiendo o quizás hace que duerme… no lo sé. Me acerco a la cama, quito los zapatos y me abrazo a mi madre. Su olor de pelo me trae recuerdos de mi infancia. Mi madre me abraza fuertemente, no digo nada para no estropear el momento, cierro los ojos mientras Orfeo me lleva al mundo de los sueños.

A la mañana siguiente me despierto, miro el reloj, son las 12 de la mañana, mi madre no está en la cama. Bajo las escaleras.
-No hacía falta que recogieses todo- dice mi madre en la puerta del salón
-Lo sabía, pero no tenía que hacer
-Te lo agradezco
-No ha sido nada, solo tarde una hora
-No me refiero a eso
-¿A qué te refieres?
-A que has intentado evitarme el sufrimiento de barrer los últimos rastros de tu padre
-Sabes que por ti haría eso y mucho más- nos fundimos en un abrazo
-Por cierto- dice mi madre mientras saca algo del bolsillo- he encontrado esto para ti, la han dejado en la puerta- me enseña un sobre con mi nombre.
-Que extraño- cojo el sobre, lo abro, dentro hay una carta, la desdoblo y empiezo a leerla ante la mirada de mi madre.
-¿Qué pone?-me pregunta

Termino la carta, no puedo creer lo que pone en ella, no puedo creer lo que está pasando. Sin decir nada abro la puerta y salgo, corro velozmente por el campo, con la cabeza llena de preguntas sin respuestas. Por fin llego a la colina, no hay rastro de Hugo, miro para todas las direcciones y no lo encuentro ¿Dónde se habrá metido? Sigo caminando y no hay nadie, encuentro en el suelo la pulsera que le regale a Hugo cuando éramos pequeños. No me puedo creer lo que está pasando, tengo que ir a su casa. Sigo corriendo. Llego a su casa, timbro en la puerta y la señora Laura me abre:
-Hola Ian
-Señora Laura, ¿Dónde está Hugo?
-Se fue…
-¿Cómo que se fue? ¿A dónde? ¿Por qué?
-Se fue a otra ciudad, le ha salido un trabajo con su tío
-¿Solo por el trabajo? Esto es muy raro señora…-me interrumpe para que no haga mas preguntas
-Quiere empezar de cero, no se sentía bien en ese pueblo, es mejor que pase un tiempo, tiene que reflexionar, intenta olvidarte de el
-¿Qué me olvide de mi único hermano? No voy a ser capaz, tienes que darme su número, su dirección… lo que sea
-No puedo, perdóname- cierra la puerta en mis narices.

¿Qué hago? Nuevamente no se qué hacer, me doy la vuelta y vuelvo para mi casa, solo.
No entiendo el mundo, todo está cambiando de una manera muy rápida. Hace un día lo tenía todo: matrícula de honor, familia y amigos… ahora… me encuentro sin padre y sin mi mejor amigo… Solo me queda mi madre y Ana.

Dejo caer la nota de despedida de Hugo, la lleve todo el tiempo en la mano, incrédulo, intentando obtener respuestas, pero nada. La carta se queda en el suelo, una brisa de aire la hace desaparecer. Pero eso no impide que en mi cabeza me acuerde de sus palabras:

“Te estarás preguntando qué coño hago yo escribiéndote una carta, y créeme yo también me lo estoy preguntando, pero como dicen en las películas: La mejor manera de expresar tus sentimientos es en un papel.
Ian, me alegro de haberte conocido, de haberte encontrado en mi camino, de jugar contigo, de compartir momentos inolvidables… pero sobre todo de que me consideres tu hermano…
Para mí también eres un hermano. Pero no te has dado de cuenta de la persona que soy…
Al principio del camino nos conocíamos perfectamente pero poco a poco te fuiste quedando ciego sin saber la clase de persona que iba contigo. No quiero traerte más dolor, te dije que te iba evitar sufrimientos y lo estoy haciendo. Me voy del pueblo. Suerte amigo, te lo mereces”

3 comentarios:

  1. qe fuerte lo de ana !!!! y hugo hizo lo qe tenia qe hacer..

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  2. Qe ben fixo Hugo
    menos mal qe el ten aljo de cabesa
    E o de Ana... en fin parece una victima qe salio a nai e a unica culpa a ten ela de ser tan PUTA
    ca da ves caeme peor
    agg

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  3. aii, q ben me cae ugo! menos mal q queda algunha xente decente no mundo.
    e respecto a ana... de tal palo tal astilla!
    si a nai e puta ela e o doble

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Nacer en la luz, Morir en la oscuridad