viernes, 15 de octubre de 2010

Veintiocho

Miro el reloj, son las 17:30. Llevo media hora esperando por alguien que parece no llegar. ¡Qué iluso soy! Pensar que vendría merendar conmigo… Pensar que podría verla nuevamente… ¿Por qué me ha dado plantón?
Cojo el móvil y marco su número, tengo la esperanza de que tenga una buena escusa. Primer pitido, segundo, tercero…
-¿Si?- una voz masculina responde
-¿Iria?- pregunto confuso
-¿Quién eres?
-¿Está Iria?
-¿Quién eres?- la voz se vuelve más agresiva
-Perdón me he equivocado- cuelgo el teléfono

¡Mierda! El novio ha cogido la llamada, ¿Qué pensaría? Por la voz parecía un tipo celoso, violento… ¡Que imaginación tengo! Iria sabe elegir bien los hombres, jamás estaría con un chico que no se la merece.

Empiezo a dar vueltas por el jardín del hospital, Iria aún no ha llegado. ¿Y si me está esperando dentro? ¡No pensé en eso!
Camino hasta la entrada, las puertas magnéticas se abren. Me dirijo hasta la cafetería, pero nada, allí sigue sin aparecer. Vuelvo a la entrada… entonces veo algo que me deja confuso.

En la entrada del hospital aparecen 4 enfermeras llevando una camilla, encima hay una persona que me resulta familiar… pero no puede ser. Me acerco corriendo a la camilla y puedo ver que efectivamente se trata de Iria.

El corazón empieza a latir fuertemente, me falta la respiración. Las piernas me fallan, no soy capaz de perseguir la camilla. Una enfermera ve mi situación y se acerca a mí:
-¿Le pasa algo señor?

La miro a los ojos y niego con la cabeza:
-¿Está seguro?- vuelve a insistir la chica
-A esa joven la conozco
-¿A cuál?
-La de la camilla

La enfermera mira a sus compañeras que llevan la camilla. Están demasiado lejos y no es capaz de identificar a la paciente.
-¿Qué le ha pasado?- le pregunto
-No sé, siéntese aquí que le informo ahora mismo
-Por favor, apure- le insisto

La amable enfermera va detrás de sus compañeras. Mientras, yo me siento en la silla a esperar. Intento relajarme contando baldosas, pero no soy capaz. Mis manos están temblando de los nervios. ¿Y si le ha pasado algo grave?
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-Hola Blee- dice al entrar por la puerta de mi habitación
-¿Blee? Qué significa eso?
-Es el mote que te he puesto- se acerca hacía mi cama
-¿Y qué significa ese mote?
-Cuando iba al instituto, en mi clase había una chica muy bajita, fea y regordeta. Era la marginada de la clase y todos se burlaban de ella. Siempre colgaba fotos en internet diciendo que se iba a suicidar y cosas así. Nosotros cuando la veíamos le decíamos “Blee que asco” Por lo “dramática que era”
-¿Me estas llamando suicida?
-No, te estoy llamando bajita, fea y regordeta- empieza a reírse mostrando su perfecta dentadura
-¿Te crees gracioso?- le pregunto
-Un poco
-¿Y qué fue de la chica?- le pregunto por curiosidad
-Creo que la atropelló un coche o algo así
-Pobre… ¿y ahora me vas a llamar Blee?
-Siempre que me acuerde

Ian coge la silla del escrito y la acerca hacía delante de mi cama. Se sienta en ella y me mira fijamente:
-¿Qué miras?- le pregunto
-Estoy intentando descifrarte
-¿Descifrarme?
-Sí, quiero saber qué tipo de persona eres. No soy capaz de creer ciertas cosas
-¿Qué cosas?- le pregunto
-Por ejemplo: Que no quieras volver a caminar
-Ya volvemos a lo mismo de siempre…
-Tranquila no te voy a aburrir con mis discursos- me sonríe- ¿Te apetece dar una vuelta por el jardín?
-¿Os habéis puesto todos de acuerdo?
-¿Todos? ¿A quién más te refieres?

La vista de Ian se dirige hacía el ramo de flores de mi mesita. Parece reconocerlo, su cara expresa una sonrisa que es difícil de explicar, como si supiera quién me lo ha dado.
-Asique Tomas te ha pedido que vayas con él al jardín
-¿Quién te dijo que era Tomas?
-El ramo de flores, esta mañana lo he visto haciendo el ramo, me dijo que era para una chica guapa… pero veo que me ha engañado
-Por qué tu me veas fea no significa que los demás chicos no sepan apreciar mi belleza
-Olvidas lo de pequeña y regordeta
-No soy pequeña y mucho menos regordeta- digo la última palabra recalcando sílaba por sílaba

Ian vuelve a dirigir su vista hacía mi:
-¿Por qué no has querido ir al jardín?
-Por que no tengo con que ir… y no me gusta salir de esta habitación
-¿No tienes ninguna silla de ruedas?
-La tengo, pero no la uso
-¿Por qué?
-Haces muchas preguntas- le digo seriamente
-Me gusta saber todo sobre mi paciente… es una manía que tengo

Lo miro a los ojos fijamente, su color azul me encanta:
-No quiero ser una carga para nadie- poco a poco bajo la mirada
-Siento decírtelo… ¡ahora eres mi carga!
-¿Tu carga?
-Si, mi carga, y jamás dejare que mi carga se pierda la oportunidad de estar en el jardín con el buen tiempo que hace

Después de esta última frase, Ian abandona la habitación. No tarda en volver, pero lo hace acompañado de una silla de ruedas. Mi impresión al verla es totalmente negativa, a mí cabeza vienen miles y miles de recuerdos, todos de aquella fatídica noche. Agarro con fuerza las sabanas, me falta la respiración… igual que aquella noche.
Mis lágrimas no tardan en caer por mis mejillas. Ian cierra la puerta, coloca la silla delante del armario y se acerca a mí para abrazarme:
-Tranquila, no llores, esto es algo a lo que te tienes que enfrentar
-No quiero enfrentarme a ello- me acaricia el pelo

Lo agarro fuertemente, siento un extraño sentimiento de protección. Con él me siento segura.
-Por favor Ian, no me hagas esto
-Abi, mírame, confía en mí

Dudo en si confiar o no… finalmente decido no confiar:
-Ian por favor lárgate, regresa más tarde
-Te dejo sola
-Llévate la silla- le ordeno
-No, la silla se queda aquí- sale de la habitación.
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La enfermera se acerca a mí:
-La señorita Iria ya está estable, quiere verlo
-¿Le ha dicho que esto aquí?- le pregunto
-Me dijo que entrases- la enfermera me señala una habitación

Después de una hora esperando tengo información de ella. Me dijeron que fue un simple desmayo pero yo no me lo creí. Esperé hasta que la llevaron a una habitación. La enfermera me dijo que si esperaba unos minutos la podía ver… y eso he hecho.

Entro en la habitación y veo a Iria en una camilla. Me acerco a ella:
-¿Qué tal estas?- le pregunto
-Bien, siento no haber ido a la merienda…
-Yo pensando que me habías dado plantón…
-Eso nunca- lanza una sonrisa que a duras penas puede conservar
-No te esfuerces- le digo mientras le acaricio el pelo
-¿Cuándo quedamos nuevamente para comer el RomRollet?
-Cuando estés mejor, ¿Qué te ha pasado?
-He sufrido un pequeño desmayo
-Cuando te vi en la camilla el mundo se vino abajo, pensé lo peor. Pero gracias a dios estas bien… si te pasara algo… no sabría lo que hacer

Nuestros ojos se miran fijamente, nos acercamos poco a poco. Nuestros labios están casi rozándose… ¡después de tanto tiempo nos vamos a besar! El momento que estoy viviendo es el más feliz de mi vida:
-¿Qué está pasando?- un hombre hace presencia en la habitación, nos separamos rápidamente
-Hola Ángel- le dice Iria
-¿Quién eres tú?- se dirige bruscamente hacia mi
-Soy Alex, un viejo amigo de Iria
-¿No serás el que la ha llamado?
-Sí
-¿Qué haces llamando a mi novia?- el hombre se acerca y me agarra por el cuello
-¡Ángel para!- grita Iria desde la camilla
-Suéltame- le ordeno
-¡Que sea la última vez que llames a mi novia!- me golpea contra la pared

El impacto me ha dolido, coloco bien mi camiseta y me acerco a él:
-Tu no te mereces a esa chica- señalo a Iria

Ángel intenta golpearme pero lo esquivo, le pego una patada en los huevos que hace que se incline y se tire en el suelo:
-Alex por favor lárgate- grita Iria desesperada
-No te alteres, te va a hacer mal- le digo mientras salgo de la habitación
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Unos minutos después llego a mi casa, abro la puerta y subo hasta mi habitación. Necesito tranquilizarme, estoy demasiado nervioso:
-Hola hermano- dice Abi desde la cama
-Hola

Voy al baño y me lavo las manos, sigo estando nervioso. Me he puesto demasiado agresivo, ¿Cómo una mujer como Iria puede estar saliendo con un salvaje como ese hombre? Salgo del baño y tropiezo con la silla de ruedas:
-¿Qué hace esto aquí?- le pregunto a Abi
-Lo ha traído Ian, quiere que la use
-Muy buena idea- le digo
-¿Cómo que buena idea? ¡Tú sabes que odio esa silla!- me grita mi hermana
-¿Y qué? Llevas casi 4 años tirada en una cama, ¿no crees que es hora de salir de aquí?
-No, no merezco salir, no quiero ser una carga para nadie

Las palabras de pesimismo de mi hermana empiezan a cabrearme un poco. Me quedo callado para evitar una discusión.
-¿Qué tal la cita?- me pregunta
-No hemos tenido cita
-Te has acobardado- me dice
-No
-Te has acobardado- vuelve a repetir
-¡Que no!
-Seguro… ¡cobarde!- su ultimo cobarde hace que salga la bestia que llevo dentro
-¡He dicho que no ostia! Si te preocuparas en subir a la puta silla en vez de decir tonterías, todo el día con lo de que eres una carga, que no mereces vivir y no sé que más estupideces. Si eso es lo que piensas suicídate, acaba con todo, sé una cobarde. Dale gusto a Gloria, ¿es eso lo que quieres? ¿Quieres ser una cobarde el resto de tu vida? ¿Una don nadie? ¿Una gilipollas que le tiene miedo a una silla? ¡Me das pena hermana! Tú antes no eras así, no le tenías miedo a nada, la Abi de antes lo daba todo por salir adelante, es más, lo dio todo por amor. ¿Qué diría Elías si te viese así? Tirada en una cama, sin apenas vivir tu vida… ¡eres joven! ¡Aprende a disfrutar!

Las frases salieron sin que yo pudiera evitar ni una. Golpeo con fuerza y rabia la silla de ruedas. Con una patada la tiro al suelo y salgo de la habitación. Sé que me he pasado con mi hermana, pero es hora de que se enfrente a la realidad.
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-¿Quién era ese?
-Un viejo amigo
-¿Por qué no te creo?
-Ángel, es verdad, solo es un amigo

La enfermera hace presencia en la habitación.:
-Iria, te hemos hecho un análisis y estas perfectamente, tienes que tomar algo de reposo. Puedes volver a tu casa
-Gracias- le digo a la enfermera

Unos minutos después volvemos los dos caminando a nuestro piso. Después de un rato llegamos a nuestro hogar:
-Cariño, échate un rato que debes d estar cansada, yo voy a hacer la comida
-Gracias cariño

Mi desmayo creo que ha preocupado a Ángel, lo noto más cambiado, más bueno conmigo. Voy a la habitación.

Unas horas después me despierta el sonido del timbre de la puerta, llamo por Ángel pero nadie responde. Me levanto, voy a la puerta y veo una nota colgada:
“Te dejo”

No puedo creer lo que está pasando, voy al armario y veo que todas sus pertenencias no están, mi ropa tampoco esta, ni mis joyas… ¡me ha dejado sin nada!
La puerta vuelve a sonar.
La abro y aparecen dos tíos:
-¿Señora Iria?- pregunta uno de ellos
-Soy yo- le respondo
-Venimos a embargarle el piso

2 comentarios:

  1. :o
    que fuerteeeee!
    bueno! que no cunda el pánico este e o momento de larjarse con alex, jajaja
    buf... como me molou este capitulo, sobre todo o q lle dixo alex a abi e a conversacion de ian con ela tamen!
    un 10!!
    Saludos cordiales

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  2. qe hijo de puta Angel!!
    Depos Alex tamen xa non me ta gustando tanto, xk se pasou un pouco con Abi, xa era hora de qe lle direran qe é una puta amargada, pero non é pa qe page o cabreo con ela.
    Respecto a Ian sigeme encantando, non se merece como abi o trata, meu pobrillo.
    Por ultimo desir qe Iria levaas todas, miña pobre, menos mal qe ahora vai tar con Alex =).

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Nacer en la luz, Morir en la oscuridad